Nuestras trabajadoras
No tienen miedo al trabajo, en su oficio descubrimos el triunfo del tesón, del trabajo cotidiano, constante y tenaz que realizan. Ejemplo a seguir para todo aquel que cree en sí mismo, demostración de que en la vida no se necesita tener grandes capacidades ni superpoderes, sino sólo voluntad y constancia.

Siempre dispuestas al trabajo, sin temores y dispuestas a sacrificarse. También son grandes trabajadoras, sin su respaldo y apoyo no se hubiera conseguido nada. Son el eslabón necesario para conseguir la calidad de nuestra miel.

Siempre dispuestas al trabajo, sin temores y dispuestas a sacrificarse. También son grandes trabajadoras, sin su respaldo y apoyo no se hubiera conseguido nada. Son el eslabón necesario para conseguir la calidad de nuestra miel.

Diligentes, afanosas, laboriosas y emprendedoras
Estos pequeños animales denominados abejas, y en concreto las abejas de miel (Apis mellifera) son insectos artrópodos que pertenecen a los himenópteros cuyas principal característica es poseer alas membranosas (del griego hymen y ptera, membrana y ala, respectivamente) y una organización social compleja.

Además de las abejas, dentro del grupo de los ápidos se encuentra el abejorro (Bombus terrestris), que son nuestros primos y también son necesarias para la protección del medio ambiente.Como en toda sociedad, hay insectos que pueden convivir en perfecta armonía, otros como las avispas son feroces depredadores.

Conozcamos un poco de su biología
La abeja es uno de los insectos más evolucionados que nos podemos encontrar en la Naturaleza. Siempre ha sido objeto de atención por parte del hombre desde la Antigüedad, y ello se debe no solamente a que se trate de un insecto “social”, sino también al hecho de la naturaleza de su alimentación, asimilable a la de las personas.

La abeja vive en colonias (colmenas), y el número de abejas de una colmena va a depender de la época del año, ya que en invierno la población disminuye mucho, pero en cambio en verano el número de abejas que habita una colmena puede llegar a 40.000.

En las colonias de abejas hay tres tipos de individuos: abejas obreras, reina y zánganos. Los tres son necesarios para la supervivencia de la especie y serán tratados más adelante.

La reproducción de las abejas es de dos tipos: una reproducción sexual para las dos hembras de la colonia (reinas y obreras) y otra asexual para los machos (zánganos).
La forma de los huevos de los que nacen los tres diferentes individuos de la colmena son también distintos.
La primera característica morfológica importante que destaca de las abejas es la disposición externa de su esqueleto, de naturaleza quitinosa, formando una coraza protectora de los órganos blandos de su interior. Estando su cuerpo dispuesto en tres partes bien diferenciadas: cabeza, tórax y abdomen, unidas por unos delgados pedúnculos membranosos con los que se facilita su movilidad.

Llamada glándula odorífera o Glándula Nasanoff, es un órgano de especial importancia para las abejas. Esta glándula, que se encuentra en la parte dorsal del abdomen y que en posición de descanso de la abeja se encuentra cubierta, se puede observar cuando evagina la glándula, es decir, cuando la abeja dilata el abdomen y adopta la conocida como “posición de llamada”. La sustancia que libera actúa como una forma de transmisor químico que le sirve a las abejas tanto para marcar las fuentes de alimento como para identificar a sus compañeros de colonia.

Un órgano importante para las abejas son sus patas, formadas por diferentes piezas y con distintas funciones cada uno de sus tres pares. El primer par de patas es el que se encarga fundamentalmente de la limpieza de sus ojos y lengua. El segundo par de patas es de gran utilidad para desprender el polen que queda atrapado en su tercer par de patas. Este tercer par es de vital importancia para la abeja, pues es su medio de transporte del polen y propóleo.

Las dos partes esenciales de este tercer par de pata son la tibia, con sus cestillos del polen, donde éste queda sujeto formando unas típicas bolitas de diferentes colores en función de la procedencia del polen.

La abeja obrera
Las abejas obreras son las más numerosas de la colmena. De la intensidad de su trabajo depende cuánto vive una obrera. En época de gran trabajo en la colmena vive entre 3 y 6 semanas. En verano hasta 2 meses y en invierno pueden vivir de 5 a 7 meses.

Las abejas obreras que nacen en primavera, viven unos 50 días y las que nacen en otoño, pasan en la colmena el invierno a la espera de darles el relevo en primavera a sus nuevas compañeras. La puesta la realizan la abeja reina, depositando un huevo en cada celdilla.

Una vez realizada la puesta por parte de la reina, el proceso de maduración será distinto en función de que sea reina (tarda 16 días), zángano (24 días) y obrera (21 días).

En el caso de la abeja obrera, los tres primeros días está en forma de huevo para pasar a larva hasta el octavo día, en que se sella la celda hasta convertirse en pupa el decimocuarto día y finalmente salir al exterior cuando han pasado ya los 21 días.

La obrera es una hembra imperfecta, ya que carece de órganos reproductores,solamente tienen un rudimento de ovario, pero hay ocasiones especiales en que pueden poner huevos, principalmente cuando se han quedado sin reina. Es lo que conocemos como realera.


A lo largo de su vida van desarrollando distintos trabajos en la colmena según su edad.
Del segundo al tercer día son las limpiadoras y limpian cada una de las celdillas de la colmena, ofreciendo su calor a los huevos y las larvas.

A partir del cuarto día se dedican a alimentar a las larvas y las mantienen calientes, por eso se las llama abejas nodrizas. También segregan jalea real.
A partir del décimo día acompañarán a la abeja reina y también ventilarán con sus alas la colmena.

Del día treceavo al decimoctavo día se vuelven constructoras de panales con la cera que segregan y hacen la miel con el polen.

Después, hasta el vigésimo día se dedican a la vigilancia de la colmena para que no entren otros insectos,o cuerpos extraños, y también evaporan la humedad del néctar, polen y propóleos.

Cuando alcanzan los 21 días, si la climatología lo permite, es cuando salen al campo a buscar el polen, néctar y propóleos. Esta es la actividad que se conoce como pecoreo.

El zángano
La abeja macho o zángano es de mayor tamaño que la abeja obrera, con abdomen rectangular y grandes ojos contiguos, con un característico mechón de pelo en la parte posterior del abdomen.
En cada colmena hay unos 1.000 zánganos.Nacen de un huevo sin fecundar. Viven sólo durante la primavera y el verano,para poder fecundar a la reina y dar calor al núcleo de la colmena dónde se encuentran los huevos. Los que fecundan a la reina mueren, esto asegura no caer en la consanguinidad.

El zángano no interviene en la recolección de néctar, ni en la elaboración de miel,ni en la defensa de la colmena ya que no poseen aguijón.
La reina
La abeja reina es de mayor tamaño que la abeja obrera y con un abdomen más pronunciado, alargado y con alas más cortas. En cada colmena sólo hay una abeja reina.

Las realeras o celdas de recambio se pueden producir por varios motivos: porque se produzca un reemplazo de la reina, porque haya muerto la reina y se generen realeras de emergencia, o bien porque debido a la superpoblación de la colmena se vaya a producir una enjambrazón.
En todo caso, nazcan una o más reinas, al final solo quedará una reina fecundada dentro de la colmena.

Su desarrollo se debe a que sólo le alimentan con jalea real, lo que le da las propiedades para poder poner huevos.
Una vez la abeja reina ha sido fecundada se pasará toda su vida, alrededor de cuatro años, sin salir de la colmena poniendo más o menos huevos en función de lo que le dicte su cohorte de abejas obreras. En realidad, más que una reina podríamos considerarla una esclava.
Para el apicultor resulta muy importante poder encontrar a la reina de cada colmena. Es por ello que se suele marcar a las reinas con un determinado color en función del año de su nacimiento.

Pero lo más importante para un apicultor es tener buenas reinas, que sean capaces de realizar “puestas” de huevos numerosas, tal y como se puede ver en la siguiente imagen que muestra orgulloso Guillermo.

La enjambrazón
La enjambrazón es el procedimiento mediante el que se reproducen, o mejor dicho se dividen, las colonias de abejas, es decir, es el sistema de propagación natural de Apis mellifera, consecuencia del exceso de población que puede alcanzar la colmena.
Este mecanismo biológico se desarrolla sobre todo en primavera., donde un grupo de obreras y zánganos que puede alcanzar hasta el 60% de los miembros de la colonia abandona la colmena junto con la reina progenitora. , dejando en la colmena original a la nueva reina que se fecundará en los siguientes vuelos nupciales.

Su vivienda
La colmena es la vivienda de la colonia de abejas, el lugar donde encuentran protección y donde, al mismo tiempo, se desarrolla gran parte del trabajo de las abejas con la cría de nuevas abejas y la producción de miel.

El tipo de colmena utilizada en la explotación es la denominada Langstroth o perfección. Se trata de colmenas de cuadros móviles y de desarrollo vertical, al ser susceptible de crecer y menguar en altura, lo que las hace ser el tipo de colmena más utilizado en la actualidad por su facilidad de manejo.

Estas colmenas tienen un manejo sencillo, cuando las colmenas están fuertes, se colocan las alzas melarias, y en casos de que las condiciones sean muy buenas se pueden incrementar en número dichas alzas melarias.

Es habitual colocar una piedra de cierto peso sobre el techo de la colmena para evitar que el viento, que en ocasiones sopla con mucha fuerza en esta zona, pueda derribar la tapa y dejar al descubierto el interior de la colmena, con la alteración importante de temperaturas que llevaría a la muerte de las abejas y sobre todo de la reina, con la consiguiente desaparición del enjambre.
Sus amenazas
Múltiples son los peligros que acechan a las abejas y a la apicultura, algunos son de origen natural, otros se encuentran en los despachos. No es propósito convertirnos en eruditos de las grandes plagas y enfermedades que acechan los apiarios de nuestro país, pero sí que creemos que es conveniente que se sepa que la Apicultura no es un negocio lucrativo sin amenazas, pues al encontrarse inmerso dentro de las profesiones agrarias, esta actividad implica de por sí, dependencia de la climatología, del medio ambiente… sufrimiento y en muchos casos trabajo por amor al arte.

La plaga predominante y más devastadora que actualmente existe en todos los apiarios del mundo es la que proviene del pequeño ácaro denominado Varroa destructor, que es el responsable del debilitamiento y pérdida de numerosas colonias de abejas. Solo una correcta gestión de los trabajos en el apiario y el sentido común, usando tratamientos ecológicos y responsables, puede llegar a controlar esta plaga.
Como bien expresara Joseph Joubert La abeja y la avispa liban las mismas flores, pero no logran la misma miel, pues en general las avispas son enemigas por naturaleza de las abejas. Si bien la sanidad apícola está llena de plagas y enfermedades, las avispas contribuyen negativamente a la estabilidad de la cabaña apícola.
La Vespula vulgaris o avispa común es habitual encontrarla en cualquier lugar de nuestra Península, cuyas obreras adultas miden entre 12 y 17 mm desde la cabeza hasta el abdomen, con sus característicos colores negros y amarillo; franjas amarillas paralelas y puntos y bandas negras negros en su abdomen.

Diferente es el avispón o Vespa crabro, himenóptero también, aunque de mucho más tamaño, sobre todo la reina que puede llegar a medir 35 mm, siendo característicos los trece segmentos de las antenas de los machos frente a las doce de las hembras y su abdomen de color castaño con marcas amarillas o naranjas junto a sus alas rojizas.

Y finalmente nos encontramos con la especie más agresiva, no sólo para las abejas sino para todos los polinizadores, una especie invasora originaria del sudeste asiático, que está provocando grandes daños en todos los colmenares y cuyo avance se torna imparable para toda la Península Ibérica, se trata del avispón asiático o Vespa velutina, fácilmente reconocible por su tórax y su abdomen de color negro, exceptuando el cuarto segmento, que es de color amarillo, con sus patas de color marrón que destacan por sus extremos amarillos y las alas de tonos oscuros.

Los roedores, en especial los ratones y ratas, pueden provocar también graves daños en las colmenas al destruir los panales interiores, siendo habitual que cuando el roedor se meta dentro de la colmena atraviese los panales dejándolos todos ellos agujereados. Esta situación se acrecienta en aquellas colmenas que se encuentran más débiles.

Las polillas de la cera, tanto la mayor (Galleria mellonella) como la menor (Achroia grisella) si bien no atacan directamente a las abejas, tienen la capacidad de destruir los panales de cera de una forma rápida al poner sus huevos en los mismos. Por ello, es necesario tener mucho cuidado en el almacenaje de los panales al final de la campaña.

Otra de las amenazas que tienen las abejas son los incendios, sobre todo por la destrucción de su hábitat y de los daños irreparables que provocan en el medio ambiente.
No se trata de atemorizar, sino de mostrar la realidad, pues cada vez se hace más difícil la supervivencia de esta profesión en nuestro país, una actividad, la apícola, generadora no sólo de productos de calidad sino protectora del medio ambiente. Probablemente no sea el oficio más rentable del mundo, pero en su sacrificio y tesón se encuentran las claves de la satisfacción personal de los miles de apicultores, amateurs y profesionales, que lo ejercen en nuestro país.


¿Qué me dice? ¿Qué mis abejas pican? No puede ser, si no hacen nada a nadie…
Si eres apicultor es muy difícil que logres evitar las picaduras, así que lo más fácil es que pienses que incluso puede llegar a ser beneficioso para tu artritis. Y esto es así, porque aunque las abejas no son criaturas especialmente agresivas, se defienden y defienden su hogar (la colmena) de la forma más efectiva que conocen, picando, aún a costa de su vida. En todo caso, es importante saber que cuando se encuentran trabajando, pecoreando, es realmente difícil que piquen, y no hay mayor placer visual que verlas trabajando en las flores.

Las abejas normalmente mueren después de picar. Así, aunque la abeja vuele lejos, morirá por deshidratación cuando su cuerpo ya no puede retener más líquidos.
El fruto de su trabajo
Ahora tenemos el conocimiento para comprender y admirar más y mejor a este pequeño en dimensiones pero gran animal social. Ahora apreciaremos infinitamente mejor sus esfuerzos y su trabajo. No es nuestro propósito beneficiarnos de su trabajo y esfuerzo sino compartirlo.
Fuente de inspiración

Contemplar el vuelo de las abejas o la forma en que construyen sus colmenas es un ideal de belleza que puede llegar a plasmarse en arte, o al menos en fuente de inspiración para los artistas. En todas las épocas y en todos los tiempos han estado presente las abejas y la apicultura en el arte, desde el arte rupestre que podemos apreciar en la Cueva de la Araña, en Bicorp, hasta más recientemente la obra de Maurits Cornelis Escher con su mundo imaginario de construcciones imposibles poblado por abejas y colmenas, la litografía Venus et l`amour voleur de miel de Picasso o el cuadro de Dalí Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar del que podemos disfrutar en el museo Thyssen-Bornemisza. Y más recientemente la obra de la artista canadiense Aganetha Dyck y de Andrés Escribano quien nos realizó una serie de estudios sobre las abejas.

No podemos olvidar tampoco la obra de Arvo Pärt, compositor estonio y precursor de la música minimalista, con su obra “Wenn Bach Bienen gezüchtet hätte” Si Bach hubiera criado abejas.
En el ámbito español las abejas tampoco han sido ajenas al género musical, de este modo destacaremos al compositor Manuel Fernández Grajal quien en su afán por instaurar un género operístico español escribiría la obra “La abeja entre flores: fantasía compuesta sobre motivos de la ópera Simon Boccanegra de Verdi”, que eran muy del gusto del público del siglo XIX.

Importante es la labor de difusión en la protección de las abejas que está realizando el artista Matthew Willey, quien se ha propuesto pintar más de 50,000 abejas en murales de todo el mundo.